Ciudadanos y guerreros: Grecia Clásica


Mientras los aristócratas griegos calzaban sandalias y los militares botines, el pueblo heleno utilizó el calzado en muy contadas ocasiones hasta la época de Pericles.

Las sandalias, abiertas y con diversas tiras de piel que se ligaban al tobillo, eran el calzado por excelencia de la Grecia clásica. Una especie de sandalias, flexibles y cómodas, provenientes de Persia, las “persikai”, eran muy apreciadas por las mujeres griegas. Los botines, normalmente cerrados con lazos, eran utilizados fundamentalmente por el estamento militar. También existía una variedad de botín, el “andromis”, de uso doméstico, y otra el borceguí, reservado para caminar por el campo ocazar.
La sandalia clásica del tiempo de Pericles estaba formada por un talón y enfranque semicubierto, más un entrelazado de tiras de cuero. Llevaba una protección frontal a la altura del empeine.

El calzado militar griego, el botín, experimentó una cierta evolución a lo largo de los siglos. En un principio, solía ser de cuero o de napa, ligado con lazos del mismo material, y tenía la puntera abierta. Sólo diferían de este estándar los botines de equitación, que eran totalmente cerrados. La progresiva influencia oriental, sobre todo en la época de Pericles (siglo V a.C), tarjo consigo un tipo de botín muy engalanado para cuya confección se utilizaban diversos tipos de cuero.

Calzado de Hierro

Las piezas de la armadura medieval, hechas de bronce, de hacero o de hierro, protegían las piernas y los pies del guerrero. Junto a la muslera y la rodillera, estaba la greba, que cubría la pierna, y el escarpe, que cubría el pie. Se sujetaban mediante ganchos, aldabillas, correas y tuercas. Los escarpes de la Baja Edad Media reproducían la típica forma puntiaguda de la “poulaine”, pero, al llegar el Renacimiento, esta forma fue reemplazada por la punta cuadrada.

El esplendor de la corte francesa: Zapatos Luís XV

El reinado de Luis XV de Francia (1715-1774) coincidió con los últimos años del Rococó, un estilo que impuso ricos encajes y elementos decorativos, tanto en el vestido como en el calzado.
Es en esta época cuando aparece la moda del tacón alto que toma el nombre del monarca. La altura del tacón obligaba a pie femenino a tomar una posición forzada, en tanto que la punta fina de estos zapatos oprimía dolorosamente los dedos. Se trataba de un calzado de gran elegancia, confeccionado con tejidos nobles y bordado con motivos florales que era utilizado por la nobleza francesa. Pero a pesar de su belleza, quedaba oculto bajo los vestidos de las damas y los días de lluvia debía ser protegido por una especie de sobrezapatos para poder caminar sin riesgo por las enfangadas calles del París de la époa.
Estos zapatos pueden considerarse los antecesores del zapato femenino de tacón de nuestos días, el llamado “tipo salón”.
Por el contrario, el zapato masculino tendía a ser más bajo y más grueso. Era un zapato cerrado con una lengüeta y caracterizado por una horma cuadrada. Los modelos solían ser sencillos de diseño aunque confeccionados con pieles y tejidos de alta calidad, y frecuentemente adornados con encajes.

El calzado de madera: Zuecos holandeses


El zueco es un tipo de calzado tradicional de madera utilizado en diversas zonas rurales de Europa para proteger los pies de la humedad. En Holanda, la artesanía del zueco ha desbordado su función original para convertirse en un souvenir.

El calzado típico holandés es el zueco. Está realizado en madera, de una sola pieza, y normalmente tiene tres tacos, aunque también es frecuente encontrar zuecos sin tacós. Se suele emplear en zonas húmedas y en determinados trabajos, como, por ejemplo, los que se realizan en cuadras, prados o huertos.
Para la fabricación de los zuecos, que generalmente se hace a mano, se acostumbra utilizar diversos tipos de madera, especialmente castaño, aliso, sauce, haya, nogal y abedul.
El zueco estándar se compone de las siguientes partes: boca (lugar por donde se introduce el pie), pico (parte delantera, acabada en forma aguda), calcáneo (parte posterior del zueco), tacos (piezas de madera situadas en la suela, por lo general dos en la parte delantera y una en la parte posterior), y la barriga (parte anteroinferior).

Calzado artesanal para terrenos hostiles: Mocasines indios


Confeccionados pacientemente a mano y con un alto sentido estético, los mocasines fueron el calzado habitual de los primeros pobladores del norte de América. Las diferentes tribus supieron unir la originalidad y funcionalidad.

Las tribus de América del Norte usaban un tipo de calzado especialmente característico por el tipo de montado, que ha pasado a nuestros días bajo la denominación de “Kiowas”. Se trata de un calzado muy flexible y cerrado en el empeine. Los indios no empleaban hormas para hacer sus zapatos y los cosían enteramente a mano. Para confeccionarlos utilizaban pieles de cordero, cabra, vaca o bisonte. Dichas pieles se curtían al sol en una especie de bastidores en los que se extendían después de haberlas salado. Los mocasines se adornan con piedrecitas de colores formando figuras.


Un zapato para un día muy especial: Calzado de novia


Los zapatos de novia actuales se inspiran frecuentemente en líneas románticas. Suelen confeccionarse con sedas o pieles blancas, símbolo de pureza. La pedrería, las puntillas y la pasamanería les confieren personalidad y estilo.
Po lo general, los zapatos de novia se presentan como una pieza delicada y a juego con el vestido, e incluso con el ramo que lucirá la novia el día de su boda Los adornos florales de estos zapatos pueden resultar más o menos bellos en función de su composición. A veces existe el riesgo de caer en lo poco elegante o simplemente grotesco si se abusa de los motivos ornamentales. El siglo XVIII y el Romanticismo son las fuentes de inspiración más frecuentes para los diseñadores.

Una herramienta básica: Máquinas de coser


Desde que en 1840 Elias Howe, un granjero de Massachusetts, creara la primera máquina de coser, los sastres encontrarían en ella una gran aliada. Muy pronto la industria del calzado adaptaría este invento para la confección de zapatos.

Hasta la aparición de la máquina de coser , todas las costuras de los zapatos se hacían a mano. Su primera aplicación en la industria del  calzado fue precisamente en el cosido de pieles finas para el empeine y la forrería de calzados. De las primeras máquinas, impulsadas manualmente por una rueda lateral, Se pasaría a las impulsadas por pedales y, de ahí, a finales del siglo XIX, a las máquinas eléctricas. Posteriormente, la técnica consiguió mejorar la calidad de las agujas, así como la de otros componentes. Todo ello permitió fabricar máquinas de aparar, de coser piezas de piel, y un largo etcétera.

Las máquinas de coser  zapatos de principios de siglo fueron adquiriendo un carácter más industrial, con el empleo de agujas más resistentes, tensores de hilos de coser diferentes o avances de puntada con una gran variedad de recorridos. En la década de 1960, con el desarrollo de la informática, se empezaros a emplear tarjetas perforadas para realizar diferentes trabajos; más tarde, cintas magnéticas y, por último, minirobots que realizan el cosido de forma autónoma.
En la actualidad, las máquinas de aparar son más veloces y más precisas: realizan la tensión de los hilos de una forma automática, disponen de cortador de hilos y, algunas de ellas, poseen una cuchilla para recortar los cantos del forro. Las máquinas actuales, planas, de columna o de brazo, realizan todo tipo de cosidos.