ZAPATERÍAS Y EL COVID-19 ¿ES EL FIN DEL MUNDO?

ZAPATERÍAS Y EL COVID-19 ¿ES EL FIN DEL MUNDO?

Desde que se conociera el 31 de enero el primer positivo por Covid, en España se ha visto alterada la actividad comercial e industrial. Esto está suponiendo y supondrá un punto de inflexión y una piedra de toque para nuestra economía en todos los sentidos. El sector del calzado, por supuesto, no ha escapado a esta coyuntura. La pandemia ha ralentizado el consumo de zapatos y ,por ende, la fabricación de dichos zapatos. Y las consecuencias de esto se antojan impredecibles a corto, medio y largo plazo. Las tres patas de la industria del calzado en España (fabricantes, zapaterías y componentes auxiliares) se han visto y se verán afectadas de una forma inimaginable hasta la fecha.

Esta es la situación:

A ) FABRICANTES: PRIMEROS PRIMEROS AFECTADOS

En el ámbito de los fabricantes la pandemia afectó de dos formas, la primera, en la cadena de suministros de componentes auxiliares procedentes de China; y en segundo lugar, cuando el virus se empezó a detectar en Europa. A principios de marzo ya se había paralizado casi al 100% la distribución minorista de zapatos en Europa, que corresponde al 70% de la producción española de calzado. El cierre del comercio minorista ocasionó que todo el stock de las últimas colecciones se quedara en los almacenes sin poder colocarlo. Ante el cierre de muchos negocios minoristas se han visto obligados a anular pedidos de la próxima campaña. Este hecho ha provocó que no sólo muchas fábricas paralizaran la venta de las colecciones de otoño, sino que han vieron como muchos clientes no pudieron pagar lo ya servido.

Aunque la actividad industrial se hubiera casi parado no se detuvo completamente. La pandemia favoreció iniciativas para ayudar en la confección de material sanitario en todos los núcleos productivos de calzado en España. Muchas fábricas de calzado cedieron su capacidad industrial para elaborar mascarillas, batas, gel, etc.

Las medidas del Gobierno mediante Decreto Ley en las que se anunciaba la flexibilización de los ERTE, la exención de las cuotas a la Seguridad Social, la reducción de la jornada laboral por motivos de cuidados familiares, etc; fueron bien acogidas, a grandes rasgos, por las empresas del sector del calzado. Aunque, bien es cierto, se esperaban acciones más concretas para solucionar el problema de la liquidez de las empresas y la excesiva burocratización  para acceder a dichas ayudas. En este sentido, muchas empresas se han quejado de que la inyección de liquidez a los bancos para ofrecer liquidez a las pymes no vale de nada si los requisitos de dichos bancos son inalcanzables por parte de las empresas.

Los principales problemas que se han y se están encontrando los fabricantes españoles de calzado son los problemas en los cobros, las ventas, la liquidez de stock y organización de las empresas. 

La solución a esto va a ser la realización de un mayor impulso público en tres pilares clave: conocimiento, competencias y tecnologías.

B ) ZAPATERIAS Y EL COVID

Si a los años que llevábamos arrastrando la crisis del 2008, le sumamos la revolución del comercio electrónico que ha evolucionado los hábitos de consumo, y ahora nos sobreviene la crisis del Covid nada son buenas noticias, a priori, para nuestro sector.

Antes del decreto de Estado de Alarma las tiendas de zapatos ya notaron la bajada drástica en las ventas. Semanas antes del confinamiento desde el Gobierno se instaba a la población a no salir de sus casas a no ser que fuera estrictamente necesario, pero por otro lado no decretaba el cierre de negocios. Si hay algo peor que no vender es no vender y tener el negocio abierto. Más tarde se obligó al cierre total de la actividad y se publicaron una batería de medidas que paliaban en parte la situación.

La crisis del coronavirus se produjo en un momento poco propicio ya que nos encontrábamos en el cambio justo de campaña de invierno a verano. Muchas tiendas ya habían recibido parte del género, que tuvieron que tener inmovilizado durante meses sin poder vender, pero que tenían que hacer frente al pago de dicho género.

Desde las pymes del calzado reclamaron medidas para que se pospusiera el pago de impuestos, la condonación de los alquileres de locales durante los meses que estuvieran cerrados y ayudas para mantener abiertos sus comercios. Algunas de estas reivindicaciones fueron atendidas por el Estado, pero se antojan insuficientes para la futura viabilidad de muchos negocios. Se siguen echando de menos la agilización de los procedimientos en los avales públicos y créditos ICO. Antes este panorama muchas empresas se han visto obligadas a negociar con las fábricas el aplazamiento de las facturas correspondientes a las próximas colecciones.

Para la recuperación de esta situación las zapaterías necesitamos el apoyo no sólo de la administración sino de los consumidores. 

C) AFECTADOS INDIRECTOS DE LA INSDUSTRIA DEL CALZADO

Las empresas de componentes y materias primas españolas, en un principio, pensaron que la crisis del Covid en China podría beneficiarles, pronto se vio que no iba a ser así. La economía capitalista está globalizada y lo que afecta en una parte repercute en la otra. Se creía que China no iba a poder exportar componentes y accesorios de calzado a Europa y que las empresas españolas se iban a beneficiar de esa falta de importación. Además, el gigante asiático es uno de nuestros mayores compradores de pieles y se cancelaron un alto número de pedidos y retraso en el pago de recibos.

El sector de las empresas de componentes de zapatos ha sido también duramente golpeado ya que han sufrieron un gran número de cancelaciones inmediatas de pedidos y aplazamientos de los que estaban por servir. 

¿Y TRAS LA CRISIS QUÉ?

En el supuesto de que España recobre cierta normalidad a finales de año, esta situación no llevaría implícito que el tejido empresarial pudiese reanudar su actividad a niveles de antes de la Covid-19. Respecto a esto hay que decir que muchas de las empresas del sector de la curtición exportan el 80% de su producción fuera del país. Es de crucial importancia desarrollar estrategias necesarias para minimizar el impacto económico.

Los más pesimistas piensan que esta crisis superará con creces la crisis de 2008. Si no hubiera una segunda ola, cosa poco probable, se estima que se va a tardar en torno a 12 meses en recuperar la normalidad.

UN REPASO EUROPEO DE LA CRISIS

En Alemania la puesta en marcha de las medidas de contención, protección y mitigación del virus obligaron al cierre de las tiendas de calzado en plena campaña de comercialización de las colecciones de primavera-verano 2020. También cabe destacar que Gallery Shoes, la feria de calzado de referencia para los compradores de Alemania y el Benelux, se celebró del 8 al 10 de marzo, apenas tres días antes del inicio de la cuarentena en el país. Durante la semana del 20 y el 27 de abril, algunas pequeñas zapaterías pudieron abrir bajo estrictas condiciones de seguridad, lo que significó que los muestrarios de verano estuvieron paralizados varias semanas en almacenes sin salir a la venta.  El cierre fue necesario a tenor de la difícil situación sanitaria que obligaba a evitar nuevas infecciones; pero, por supuesto, este cierre durante más de cinco semanas ha tenido un impacto terrible en los minoristas locales de calzado y artículos de cuero. Con un clima excelente, las nuevas colecciones de primavera-verano estuvieron paradas en tiendas cerradas, con las consiguientes pérdidas que eso generó. Con su apertura a comienzos de mayo, el consumo se reactivó, pero muy lentamente.

En Italia fue el país europeo donde primero se hicieron sentir las consecuencias económicas de la pandemia. El Gobierno italiano decretó en los primeros días de marzo una estricta cuarentena sobre sus ciudadanos y a partir del 11 del mismo mes prohibió cualquier actividad comercial, excepto farmacias y negocios esenciales. La parálisis de la actividad económica comenzó a relajarse desde primeros de mayo.

Desde el inicio de la crisis la industria italiana del calzado ha pasado por una situación harto difícil. La Feria Internacional del calzado de Milan (Micam) celebró una edición muy mermada de asistentes. La afluencia de público asiático fue muy por debajo de otras ediciones.

Las empresas italianas sufrieron una caída media de ventas del 38%, con unas pérdidas estimadas en 1700 €. El 60% de las empresas sufrió un descenso de las ventas de entre 20 y el 50% de enero a marzo comparándolo con el 2019. Un 20% de las empresas preguntadas reconoció que sus ventas se redujeron más de la mitad.  

Portugal, otro de los grandes núcleos de calzado, fue el caso menos sangrante. La repercusión que ha tenido la pandemia en este país ha sido mucho menor que en España o Italia, por ejemplo. Desde principios de mayo, Portugal ha ido relajando poco a poco las medidas de cuarentena, adaptando horarios por sectores de actividad, tamaño de empresa y criterios geográficos.

Si socialmente si ha visto menos afectada, no así en el apartado económico, ya que depende de las exportaciones en un 95%. Los destinos son, principalmente Francia, Alemania, España y Reino Unido. 

El futuro se presenta un tanto incierto para la industria del calzado luso. Hasta que no se consiga estabilizar en todo el mundo la pandemia y se evalúen sus consecuencias con perspectiva es muy difícil fijar una fecha a partir de la cual se pueda dar por concluida la crisis de la covid-19 y se reanude la actividad habitual en las fábricas y comercios del calzado.

Para la industria del calzado en el Reino Unido, como para el resto de sectores, la actual crisis sanitaria ha sido devastadora. El inicio de la cuarentena en Reino Unido supuso la paralización de la producción de calzado en el país. Todas sus fábricas, excepto una, suspendieron 

la actividad. Actualmente, tan solo cinco empresas manufactureras trabajan con una plantilla muy reducida para cumplir con pequeños pedidos. Otras marcas que no producen en el país también mantienen una escueta plantilla con el fin de satisfacer la demanda de la venta online.

Para suavizar los efectos negativos derivados del cierre forzado de fábricas y comercios, el Gobierno británico preparó un ambicioso programa de ayudas. Estas ayudas paliaron la situación de muchas empresas durante las primeras semanas de la crisis. Ejemplo de esto son fueron las ayudas CBILS para las pymes que habían visto reducidos sus beneficios, el aplazamiento del IVA, etc.

Las zapaterías cerradas, un consumo deprimido y una producción a medio gas conforman un escenario que no invita a la esperanza. No obstante, el sector británico cuenta a su favor con una larga tradición que les ha permitido a lo largo de siglos resistir todo tipo de crisis.

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